¿Qué es la meditación?

 
 
 

El propósito de la meditación es pacificar y calmar la mente. Cuando nuestra mente está serena, dejamos de tener preocupaciones y problemas y disfrutamos de verdadera felicidad. Si nos adiestramos en la meditación, iremos descubriendo en nuestro interior cada vez más paz, serenidad y felicidad pura. Finalmente, gozaremos en todo momento de felicidad, aunque tengamos que enfrentarnos con circunstancias adversas.
Por medio de la meditación, aprendemos a crear un espacio en nuestro interior y una flexibilidad y claridad mentales que nos permiten controlar nuestra mente sin que nos afecten los constantes cambios en la circunstancias externas. De manera gradual, adquirimos una estabilidad mental que nos permite estar siempre felices, en lugar de oscilar entre los extremos de la euforia y el desaliento. Estaremos más relajados y tranquilos, y nuestras relaciones con los demás mejorarán.

En cambio, si carecemos de paz mental, por muy agradables que sean las condiciones externas que nos rodean, no seremos felices. Esto se debe a que la felicidad y el sufrimiento son estados mentales y, por lo tanto, sus causas no pueden existir fuera de la mente. La verdadera causa de la felicidad es la paz interior.

Por ello, es de suma importancia que nos adiestremos en la meditación.

A medida que mejore nuestra meditación, irá desarrollándose la flexibilidad mental, nuestro cuerpo y mente se volverán ligeros, mejora nuestra salud, dejaremos de sentir cansancio y desaparecerán todos los obstáculos para la concentración. Nuestras meditaciones serán fáciles y provechosas, y avanzaremos sin dificultad.



Cómo comenzar a meditar

 
 

La primera etapa de la meditación consiste en disipar las distracciones y lograr cierta claridad y lucidez mentales. Esto puede lograrse con un ejercicio sencillo de respiración. No es necesario tener conocimientos previos de la meditación. 

Elegimos un lugar tranquilo para meditar y nos sentamos en la postura tradicional, con las piernas cruzadas una sobre la otra, o en cualquier otra posición que nos resulte cómoda. Si lo preferimos, nos podemos sentar en una silla. Tienes que sentir que la postura resulte cómoda para ti. 

Al principio no es necesario que nos sentemos con las piernas cruzadas, pero es conveniente que poco a poco nos vayamos acostumbrando a la postura de Buda Vairochana. Si no podemos sentarnos de esta manera, podemos escoger otra forma parecida siempre que nos resulte cómoda.

Lo más importante es mantener la espalda recta para evitar caer en un estado de sopor o somnolencia.

Para ello, si vamos a sentarnos sobre un cojín, este debería ser un poco más elevado por detrás que por delante y hemos de sentarnos sacando la pelvis un poco hacia afuera. Mantenemos los ojos entreabiertos y enfocamos nuestra atención en la respiración. Respiramos con naturalidad a través de los orificios nasales, sin pretender controlar este proceso, e intentamos ser conscientes de la sensación que produce el aire al entrar y salir por la nariz. Esta sensación es nuestro primer objeto de meditación. Nos concentramos en él e intentamos olvidar todo lo demás. Al principio descubriremos que nuestra mente está muy ocupada y es posible que pensemos que la meditación la agita todavía más, pero, en realidad, lo que ocurre es que comenzamos a darnos cuenta del estado mental en que  nos encontramos normalmente. Si descubrimos que nuestra mente se distrae con pensamientos e ideas, hemos de volver de inmediato a la respiración. Repetimos este ejercicio tantas veces como sea necesario hasta que la mente se concentre en la respiración. 
Si practicamos de este modo con paciencia, nuestras distracciones irán disminuyendo y experimentaremos una sensación de serenidad y relajación. Nuestra mente se volverá lúcida y espaciosa, y nos sentiremos restablecidos. Cuando el mar está encrespado, el sedimento del fondo se agita y el agua se enturbia; pero cuando el viento cesa, el lodo se deposita en el fondo de manera gradual y el agua se vuelve transparente. Del mismo modo, cuando por medio de la concentración en la respiración logramos calmar el flujo incesante de las distracciones, nuestra mente se vuelve especialmente lúcida y clara. Entonces, intentamos permanecer en ese estado de calma mental durante un tiempo.

Texto extraído del libro; 'Nuevo Manual de la Meditación' de Gueshe Kelsang Gyatso.


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